nº 48

2007

CON FIRMA
Miguel Pérez Subías
Herramientas de la Web 2.0 en los servicios de documentación



DEBATE
José Antonio Merlo Vega
Profesor de la Universidad de Salamanca

Antonio Fumero
Investigador en la Cátedra Internet de Nueva Generación de la UPM

Fernando Juárez
Director de la Biblioteca Municipal de Muskiz



PERSONAJES
Pau Herrera
Director general del Grupo BPMO
Javier Celaya
Asesor web 2.0 del Grupo BPMO


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Responsable web y de comunicación online en UNICEF



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ISSN: 1137-0904

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La web 2.0: ¿nuevas herramientas útiles o sólo márketing de modernidad?
El Comité de redacción del Clip ha decidido recuperar la sección de debate en el CLIP, para profundizar en el tema de portada (Con firma). Nos hemos dirigido a 3 colaboradores de distintos ámbitos (académico, técnico y profesional) para preguntarles acerca de la adecuación de la etiqueta 2.0 y su implantación en las bibliotecas.

JOSÉ ANTONIO MERLO VEGA
Profesor del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Salamanca
· 1. ¿Estás de acuerdo con la etiqueta 2.0? ¿Se trata realmente de una web social?
> El marchamo 2.0 funciona, no se puede negar. No obstante, considero que se trata de un calificativo creado con fines publicitarios del que no conviene abusar. Es útil como etiqueta identificativa, que engloba tanto tecnologías como usos, pero prefiero emplear otras formas, como web social o, en sentido amplio, tecnologías de la participación, en asimilación a las tecnologías de la información y a las tecnologías de la comunicación, pero añadiendo este carácter del desarrollo participativo de los servicios.
Opino que sí, que realmente estamos ante una web social, ya que, por definición, se trata de aplicaciones en las que los contenidos pueden ser generados de forma pública, las opiniones son bienvenidas y los comportamientos tenidos en cuenta. Ahora, precisamente por este carácter participativo, es claro el potencial comercial de estos servicios, ya que las empresas pueden ofrecer sus servicios o productos a quienes saben que les interesan. Si publicamos información con nuestras inquietudes, abrimos públicamente nuestros favoritos, navegamos dejando constancia consentida de nuestras opiniones y preferencias, depositamos archivos en servidores abiertos convenientemente etiquetados, entonces estamos haciendo el trabajo fácil a quienes quieran ofrecernos aquello que nos gusta o nos puede interesar.
Pero, por el momento, el carácter social es mayor que el mercantil. Se puede hacer mucho con poco. Las tecnologías participativas son baratas (o gratuitas), accesibles y sencillas de utilizar. Esta web es más social porque respeta la autonomía personal como fundamento de la valía del colectivo. La web social lo es porque con una conexión y desde un navegador se puede estar activamente en Internet, difundiendo y recibiendo información, participando en la gestión de contenidos, estableciendo relaciones, compartiendo recursos,... por eso esta nueva generación de la web es realmente social.

· 2. ¿Estas tecnologías son verdaderamente útiles o es más una cuestión de modernidad?
> Las dos cosas. Se trata de aplicaciones que tienen un uso inmediato, una utilidad evidente, que solucionan problemas. Pero ahora están de moda. Todo lo que es doscero es novedoso. Quien haya desarrollado un servicio de la web social es un adelantado, está a la última, algo que no tardará demasiado en desaparecer, ya que no se trata de una cuestión de modernidad sino de evolución, tanto en las tecnologías como en el uso que se puede hacer de las mismas. Somos un colectivo tecnófilo, quizá más que la sociedad en general. Nos movemos tan a gusto en una gran superficie de cacharritos electrónicos como en el supermercado. En nuestra profesión trabajamos con máquinas, pero sobre todo con personas. Las tecnologías sociales cumplen muy bien esta función: permiten ofrecer información a nuestros usuarios y comunicarnos con ellos; son un excepcional canal de interacción entre nuestros centros y nuestros destinatarios. Por eso, la utilidad se impondrá a la banalidad. No se tratará de decir: "yo tengo un blog", sino "yo mantengo un blog".

· 3. ¿Por qué todavía son escasas las bibliotecas que están empleando estas herramientas?
> Los cambios tecnológicos nunca fueron rápidos en los centros de información. Todavía hay bibliotecas que están automatizando sus procesos. Es necesario un conocimiento de estas aplicaciones, la asimilación de su filosofía, el aprendizaje básico de su funcionamiento y, sobre todo, el convencimiento de que tienen utilidad en nuestros centros. Un primer obstáculo para su desarrollo es, por tanto, el incipiente conocimiento que todavía se tiene de estas tecnologías, que siguen siendo nuevas. Pero existen otros impedimentos que es necesario tener en cuenta. Hablamos de tecnologías web y no hay que olvidar que nuestros servidores no está en nuestras manos, sino en las de nuestros técnicos, que deciden las aplicaciones que se emplean y en las de nuestros directivos, que marcan las políticas generales del sitio web, donde pueden no tener cabida los servicios de la web social.
A esto se le añade otro problema: nuestros entornos automatizados están basados en sistemas propietarios. Aunque las tecnologías sociales parten de la interoperabilidad y normalmente son fácilmente integrables, nuestros centros emplean sistemas cerrados, a cuyos desarrollos no tenemos acceso. Por ejemplo, podremos querer disponer de un catálogo en el que los usuarios dejen sus opiniones, valoren los contenidos o reciban mediante sindicación las novedades, pero no depende de nosotros que eso se pueda hacer inmediatamente. Por tanto, no sólo hay que estar formado en este tipo de servicios, algo que, desde mi punto de vista, es asequible, sinceramente, sino que, además, hay que tener muy clara la utilidad de estas tecnologías para convencer a técnicos, políticos, directivos y proveedores con los que trabajamos, para que, al menos, nos dejen hacer. Estar convencidos para convencer es la vía.


ANTONIO FUMERO
Investigador. Cátedra Internet de Nueva Generación de la UPM. Coautor del libro "Web 2.0".
· 1. ¿Estás de acuerdo con la etiqueta 2.0? ¿Se trata realmente de una web social?
> No estoy seguro de que uno pueda estar o no de acuerdo con una etiqueta. Puedo estar o no de acuerdo con su utilización para clasificar según que fenómenos, que es el caso. En general, las palabras, las etiquetas, que en este caso derivan de una retórica posmoderna bien conocida y asociada al ámbito informático, por cuanto que utiliza la nomenclatura de cambio de versión de las aplicaciones software, son sólo eso, etiquetas y, desde mi punto de vista, son como los modelos conceptuales, es decir que no son correctas o incorrectas, sino útiles o inútiles. En este caso se trata de una etiqueta útil: sencilla en su formulación, simple en su argumentación y fácil de usar: bastará poner "loquesea 2.0", de la misma forma que ocurría antes con la invasión del "e-loquesea" que nos planteaba Rafa Casado en las recientes jornadas de alfabetización digital.
Dicho esto, aunque a veces comulgo con la utilización de esa etiqueta, me siento más cómodo con la denominación de Web de Nueva Generación (WebNG) por varios motivos un poco largos de explicar aquí en toda su extensión. En pocos palabras, la Web 2.0 tiene un problema evidente, como es la aceptación de facto de que le van a seguir la Web 3.0, Web 4.0, ,etc. ad infinitum, algo que, a pesar de ser del agrado del gurú de la cibercosa que campa a sus anchas por la blogosfera, es poco práctico y menos creíble. Por otro lado, la WebNG se asocia con un proceso de evolución continuado, nunca concluido y siempre por venir (Nueva Generación como Next Generation) y, además, se asocia también a una nueva generación de infociudadanos, que no somos nosotros, sino que son ya y seguirán siendo sucesivas oleadas de nativos digitales, utilizando los términos que acuñara Marc Prensky sin entrar en discusiones estética sobre la conveniencia de la utilización de esa metáfora.
Esta consideración continua necesariamente con la otra pregunta acerca del caracter social de esta 'Web 2.0'. La Web como instrumento técnico complejísimo no parece tener una dimensión social por sí mismo. Tampoco tiene por qué, puesto que es un elemento tecnológico, fruto por tanto del humanismo y heredero de una complejidad necesariamente sociotécnica. Somos seres tecnológicos. La Web siempre fue social: nació como una herramienta para que un grupo de científicos compartieran conocimientos en forma de documentos, que se publicaban y transferían con un determinado formato; deviniendo luego en un espacio de comunicación global. El hecho de que ahora se hable de la Web Social como el siguiente estadio de la WebNG se debe a que la superficie que esconde toda la complejidad sociotécnica de una cantidad creciente de herramientas, servicios y plataformas se compone, fundamentalmente, con metáforas que giran alrededor de la redes sociales. Es social en ese sentido un tanto restrigido; pero también lo es en otro más amplio, como es el hecho innegable de que la emergencia de la Web 2.0 como fenómeno mediático ha ayudado, en parte, a que se socialice el uso de la Web, dando lugar, por ejemplo, al surgimiento de multitud de nuevas iniciativas enfocadas en la promoción de la participación y la acción social desde una nueva localidad (física) dentro de la territorialidad digital de una Red que es ya, por definición y por construcción, Universal y Digital, trascendiendo la primigenia Internet.

· 2. ¿Estas tecnologías son verdaderamente útiles o es más una cuestión de modernidad?
> Siempre es una cuestión de modernidad. Lo será hasta que superemos esa etapa de nuestro pensamiento, que ahora se estanca en una posmodernidad mal entendida. Objetivamente hablando, hoy hay muchas más personas, con muchos más instrumentos infotecnológicos a su alcance, para hacer muchas más cosas --buenas y malas- en la Red. Eso es un hecho que supone un cambio sustancial en nuestra forma de mirar a la Web. Lo que ocurre es que esta situación no es sólo fruto de la evolución en las tecnologías web. Es fundamental, por ejemplo, la inversión en infraestructuras que se realizara al calor de la locura colectiva que contagió los mercados financieros a finales/principios de siglo.
Estas tecnologías, ahora con más visibilidad que antaño, son útiles, por supuesto. Son útiles para crear una enciclopedia universal cuyas contribuciones anónimas tienen un grado de rigurosidad y calidad como poco igual a la más reputada de los conocidos repositorios de conocimiento. Son también útiles para sostener el funcionamiento operativo de las mayores redes de terrorismo a nivel global. Son útiles para soportar el repunte del porno amateur en la Red, así como para compartir todo tipo de contenido ilícito, como el relacionado con la prostitución infantil, un terreno en el que precisamente aumentan las probabilidades de capturar a los delincuentes gracias, en gran parte, a la característica "rastreabilidad" de este Nuevo Entorno Tecnosocial (NET) tal como lo ha definido Fernando Sáez Vacas. Son útiles para que tanto el aula como el puesto de trabajo se abran, derribando los tradicionales muros que los convertían en entornos físicamente definidos y que coartaban su realidad "análogodigital".
Estas tecnologías son útiles, al igual que lo fueron antes, en otro contexto. Lo que, sin duda, "es más una cuestión de modernidad" es la etiqueta 2.0, una modernidad, insisto, mal entendida y que sería objeto de otro debate, más propio también de otro ámbito.

· 3. ¿Por qué todavía son escasas las bibliotecas que están empleando estas herramientas?
> No son sólo escasas las bibliotecas que están empleando estas herramientas; también lo son las escuelas, las universidades, las empresas, etc. Cada organización --y en parte, cada tipo de organización- tiene una inercia característica en los procesos de cambio. Los factores que influyen incluyen, además de la tecnología, al propio individuo y a la organización misma, con todos sus procesos, procedimientos y tareas definidas en otra realidad que se pudo construir y adaptar a otro ritmo bien distinto del actual.
En el caso de las bibliotecas, desde el punto de vista de un profesional que atesora un gran desconocimiento de cada vez más cosas, hay una influencia clara de su definición y filiación institucionales, que las concierte en un instrumento periférico de una multitud de administraciones nacionales, regionales y locales inconexas en muchas ocasiones e incapaces de definir una política social para una verdadera sociedad de la información. Afecta también la desconexión de la propia biblioteca, a nivel organizativo al menos así se percibe, de su propio entorno: funcionan como islas dentro de otras organizaciones, como las universidades, o en la comunicación con los colegios e institutos locales.
La histórica falta de definición de los perfiles y capacidades de los profesionales de la biblioteconomía y la documentación ha sido sin duda otro lastre para la apropiación de las infotecnologías por parte de la biblioteca como institución en sí misma. Es posible que hoy sea esta debilidad la mayor oportunidad del sector: la preparación de sus profesionales y la potencialidad que ofrecen las herramientas de la Web Social en un ámbito, el de l@s profesionales de la información, que está en el corazón mismo del salto cualitativo que se está dando en la Red.
No se trata de ser optimista, sino constructiv@. Más allá de etiquetas y de toda la retórica asociada a la Web 2.0, hay multitud de iniciativas, en una diversidad creciente de ámbitos sociales, que apalancan el carácter horizontal de las infotecnologías y su inagotable potencial innovador para las personas creativas. En una situación como la actual, con el suelo que desaparece bajo nuestros pies según avanzamos, no se trata ya tanto, y puede que ni siquiera fundamentalmente, de estar "preparado" --en el sentido tradicionalmente aceptado del término, ligado a la capacitación formal- sino de estar "dispuest@s". Es aquí donde nos encontramos con el individuo, con las personas.


FERNANDO JUÁREZ
Director de la Biblioteca Municipal de Muskiz
· 1. ¿Estás de acuerdo con la etiqueta 2.0? ¿Se trata realmente de una web social?
> Bueno, creo que las etiquetas (2.0 en este caso) son una convención que nos ayudan a delimitar campos semánticos y nos facilitan el saber "sobre qué" estamos hablando. El "dospuntocerocentismo" es el etiquetado de moda. Sé que es un concepto muy manido (ahora todo es 2.0) que suscita debate (¿existe una web 2.0 y por ende una web 1.0 antagónica y una 3.0 que la mejorará?) y al que todos recurrimos para hablar de la web actual, de su "barniz" social. En mi caso, y para referirme al estado actual de la web, utilizo el "2.0" por comodidad, ya que intuyo que quien me escucha percibe más fácilmente el mensaje.
Por mimetismo, toda actividad que tiene su faceta web es tildada de 2.0 si adopta ese tinte más social: cuando una persona o una institución hacen algo más o menos diferente, utilizando las posibilidades (nuevas o no tan nuevas) de esta web automáticamente es bautizada; en nuestro caso hablamos de biblioteca 2.0, bibliotecario 2.0.
Cuando leo que la biblioteca de Muskiz es una biblioteca 2.0 entiendo que están diciendo que es una biblioteca que hace las cosas de una manera que, de momento, llama la atención porque se sale de la norma. Para mi la etiqueta que le va a la biblioteca donde trabajo es "Muskiz", que podríamos traducir como local, pueblo, comunidad, pública. Y cuando me aplican a mi el calificativo hago una lectura similar: yo soy un "bibliotecario" que utiliza las herramientas que tiene a su alcance.
Sobre el aspecto social de la web es innegable que el individuo ha ganado presencia (facilidad tecnológica, gratuidad de las herramientas, ...) y que se escuchan voces que antes no tenían cabida. Es cierto que la figura del usuario como centro y sujeto activo de la web es más factible en estos momentos pero no tenemos que perder la perspectiva: las "brechas digitales" siguen muy presentes y condicionan el acceso a la red. Dejémoslo en una web con barniz social a la que le faltan unas cuantas capas para que el color sea visible con facilidad.

· 2. ¿Estas tecnologías son verdaderamente útiles o es más una cuestión de modernidad?
> En mi opinión estas tecnologías son útiles en la medida en que el usuario las valora y utiliza para mejorar su calidad de vida.
Se acaba de publicar el mapa de lectura de Euskadi y los datos ofrecen una realidad bibliotecaria decepcionante (por ejemplo, Muskiz tiene 15 parámetros insuficientes sobre un total de 19). El mapa refleja la realidad de las voluntades políticas, de los presupuestos, de los metros cuadrados, de los recursos humanos. Ante la pregunta de si estas tecnologías son útiles, yo, como usuario de las mismas, tengo que responder que sí, ya que nos permiten hacer un ejercicio interesante de "escapismo" para crear, por ejemplo, un servicio bibliotecario (¿de calidad?) que la realidad más cercana nos niega. Estas tecnologías nos permiten acometer tareas que hasta hace poco era impensables. Ante una realidad difícil que nos abocaba a abrir la puerta de nuestro centro y capear el temporal, ahora, con los mismos recursos que refleja el mapa, llegamos a más usuarios, hemos creado nuevos servicios, nuestra percepción como profesionales se ha revalorizado positivamente (y estar contento con uno mismo es un gran avance para dar un buen servicio) y la percepción que tienen los usuarios de la biblioteca, a pesar de lo que diga el mapa, es más positiva. Desde luego si esto es la modernidad yo me apunto.

· 3. ¿Por qué todavía son escasas las bibliotecas que están empleando estas herramientas?
> En este momento creo que hay dos factores que inciden poderosamente en esta situación: uno personal y otro institucional.
Desde el punto de vista personal la mayoría de las personas que trabajamos en las bibliotecas somos "inmigrantes digitales"; la base de nuestro aprendizaje, nuestro primer contacto con la información ha sido bajo unas premisas concretas (papel), que marcan nuestra forma de concebir la información y que están siendo superadas por la tecnología; el problema no es la curva de aprendizaje de las nuevas herramientas, sino algo previo y consustancial a nuestra manera de interiorizar el tratamiento de la información; simplemente no nos sentimos cómodos. Necesitamos una adaptación mental al nuevo entorno, quitarle miedo; adaptación y miedos que las nuevas generaciones de "nativos digitales" desconocen porque su primer contacto con la información está siendo digital (otra cuestión es cómo y para qué utilizan las nuevas herramientas...).
Desde un punto de vista institucional el profesional de la biblioteca no tiene la libertad de movimientos necesaria para acometer un proyecto con estas herramientas. Nos pesa la institución, sus directrices, sus dinámicas, que mantienen al individuo en un segundo plano y (parafraseando a Antonio Fumero) "el nuevo motor de actividad en la web son las personas a título individual". Las instituciones (en el mejor de los casos) están un tanto descolocadas: su visión de la biblioteca basada en la jerarquía sobre el usuario, en un control sobre lo que es información válida, en la primacía del papel y la importancia de la gestión del mismo, en los SIGB como piedra angular del sistema bibliotecario...necesita un replanteamiento para adaptarse a las nuevas circunstancias: la información y el usuario nativo digital.
La combinación de ambos factores puede ayudarnos a comprender la no utilización de estas herramientas; si tradicionalmente hemos explicado la baja presencia de las bibliotecas en la red por motivos económicos (coste de las herramientas), tecnológicos (elevada curva de aprendizaje) e institucionales (dependencia jerárquica de alguna institución superior que controlaba el acceso a la creación de contenidos web) actualmente tan solo perdura el último. Bajo mi punta de vista recurrimos en exceso a este impedimento -que existe- para enmascarar nuestra falta de "actitud", nuestros propios miedos tecnológicos.
Los profesionales que, inbuidos del nuevo espíritu, están en disposición de dar el salto se topan (o eso alegamos) con la negativa de la institución para la que trabajan a dar el salto. La web actual (2.0) es una combinación de tecnología y actitud personal y solo aquellos profesionales que por el motivo que sea demuestran actitud consiguen evolucionar e impulsar iniciativas bibliotecarias (¿sociales?) en internet.
Un efecto curioso de esta situación es que profesionales que están muy capacitados para acomenter proyectos bibliotecarios canalizan sus esfuerzos al margen -blogs personales...- de la institución para la que trabajan porque sus planteamientos no encuentran acomodo en su seno. Una vez más nos encontramos ante ejercicios de "escapismo" de la realidad que, paradógicamente, enriquecen la teoría y marcan tendencia en bibliotecas que, como la de Muskiz, pueden permitirse el lujo de jugar con las nuevas tecnologías ante la indiferencia de sus instituciones.