Entrevista
Ramón Salaberria Lizarazu
Miembro de la revista Educación y Biblioteca
Ganador del I Premio de Ensayo SEDIC
"Teresa Andrés"
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Entrevista realizada por:
Myriam Martínez San Emeterio
Vocal de la Junta Directiva de SEDIC
Con motivo de la primera convocatoria del Premio de Ensayo SEDIC "Teresa Andrés"
convocado por SEDIC, el pasado
23 de abril, Día del Libro, se dió a conocer
el ganador de está edición. Ramón Salaberria Lizarazu
fue galardonado con el primer premio por su obra
"Autodidactas en bibliotecas", que a juicio del
jurado "el ensayo trata sobre un tema de gran interés:
el aspecto educativo de la profesión bibliotecaria,
centrándose, además, en una manera especial de aprender,
el autodidactismo, para la que las bibliotecas parecen
especialmente diseñadas".
Este número del Boletín CLIP
se pregunta sobre cuáles pueden ser las causas que
originan que una mayoría de los profesionales de la
información sea poco dado a escribir. Ramón Salaberría,
ganador del I Premio y autor de numerosas publicaciones,
nos contesta a una serie de preguntas y da su opinión
sobre este tema.
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1.-
El acto de escribir es una herramienta de
comunicación única del ser
humano, hacia uno mismo y hacia los demás
¿cuáles son las motivaciones
que le llevan a escribir?
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Motivaciones
y biografía muchas veces van entrelazadas.
Cuando en 1989 estudiaba en la Escuela
Nacional Superior de Bibliotecarios de Francia,
recibí la invitación de Paco Bernal
para incorporarme a la revista Educación
y Biblioteca, que entonces nacía.
Por otro lado siempre me ha interesado la educación, de hecho mi doctorado es
en ciencias de la educación (aunque mi tesis
fuera sobre bibliotecas públicas y escolares).
Pero no me interesa en el aspecto de las
enseñanza regladas, la escuela, la universidad,
los exámenes, los títulos. Tal como veo
las cosas, la biblioteca pública, que es
el tipo de biblioteca que a mí me interesa,
es una institución educadora.
El caso es que escribir sobre bibliotecas públicas de una manera cotidiana para
mí tiene, también, un doble carácter educativo.
Utilizo la tribuna de una revista, u otras,
para aportar a la formación de los bibliotecarios
públicos. No tengo que pasar lista, no tengo
que poner exámenes y puedo llegar a muchos
compañeros. Me gusta. Pero a su vez, para
poder escribir necesito documentarme, leer,
formarme. Es un aprendizaje continuo.
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2.-
¿Cree que el ensayo es el género
literario que más se adecua al estilo
de comunicación del profesional frente
al estilo académico universitario?
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Con la cantidad de textos que tenemos actualmente
al alcance de las yemas de nuestros dedos,
creo que la cuestión clave es cómo atraer
la atención de los potenciales lectores,
cómo captar su interés y mantenerlo. Además
tengo la sospecha de que se lee menos de
lo que se dice, menos de lo que reflejan
las propias encuestas lectoras. Los estímulos
audiovisuales están muy presentes en nuestra
cotidianeidad y son cada vez más poderosos.
Por todo eso creo que el "estilo académico universitario" sirve para lo
que sirve y llega a los que llega. Afortunadamente
trabajo en una revista que no tiene aspiraciones
académicas ni de supuesta cientificidad.
Para atrapar la atención de los que la ojean
tenemos que utilizar, en la medida de nuestras
posibilidades, fotografía, ilustración,
trabajo de maquetación y diseño, el color...
Así, y con un poco de suerte, podemos aspirar
a que algún ojeador se zambulla en el texto.
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3.-
Dentro de nuestro colectivo de profesionales
de la información, no es habitual
el escribir y reflexionar como medio de
relación social, ¿cree que
es por el oficio en sí, por conocimiento,
por un tratamiento de la información?
o que ¿solo sabemos transmitir unidireccionalmente?
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Bueno,
si repaso el catálogo de la editorial
Trea y los de otras editoriales que
publican sobre nuestra profesión, si pienso
que estos últimos veinte años Educación
y Biblioteca habrá publicado unas 15.000
páginas, a las que debemos añadir las miles
correspondientes a otras revistas, si navego
por blogs, boletínes electrónicos y páginas
web, entonces tengo la sensación de que
no se escribe poco.
Yo más bien destaco lo que tú señalas de "reflexionar como medio de
relación social". Creo que más que falta
de publicación es falta de lectura y debate,
reflexión, intercambio. Es muy raro que
cuando publicas algo alguien te interpele,
te comente su lectura, te critique, te amplíe
información, te cuestione, bien sea personalmente
o en un foro público. Lo mismo sucede en
los foros electrónicos y listas de distribución.
Si analizamos los mensajes de Iwetel,
como el foro que engloba a eso de fronteras
difusas llamado "profesional de la información",
pues veremos que más bien son mensajes para
un tablón de anuncios: cursos, sumarios
de revistas, convocatorias de jornadas y
reuniones profesionales, ejemplares duplicados
en donación... Pero apenas hay debate, intercambio.
No es que me quiera poner la bata de psicoanalista pero creo que se deriva del
tipo de educación que hemos tenido y seguimos
teniendo. Ya lo ha dicho Emilio Lledó:
la universidad y la enseñanza en nuestro
país es una máquina de producir exámenes,
nos hemos habituado a no contar con los
libros más que como instrumentos para "aprender",
para pasar un examen, y no para pensar con
ellos.
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4.- En España, nuestra profesión se enfrenta a un gran desconocimiento de la misma por parte de la sociedad. ¿Considera que la reflexión escrita puede ser una manera de ponernos en valor como colectivo?
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Vuelvo
a insistir, sólo hablo de bibliotecas públicas
que es lo que conozco. No puedo hablar de
las bibliotecas universitarias, ni de centros
de documentación especializados, ni de profesionales
de la información que trabajan en otros
ámbitos. Más bien pienso que esa falta de
desconocimiento social proviene de las propias
carencias de los servicios bibliotecarios.
En España se invierte bastante menos en bibliotecas públicas que en la media europea.
Sí, en estos últimos 15 años ha habido un
aumento considerable para adquisiciones
de documentos, pero las plantillas profesionales,
tanto en cuanto a su número como a su preparación,
siguen bastante alejadas de los países en
los que funcionan las bibliotecas públicas.
Sumemos a esto que existe un alto número
de centros coordinadores pero débiles. Si
el personal es escaso y los centros coordinadores
poco efectivos entonces habrá servicios
que la biblioteca pública no puede ofrecer
a la sociedad. Los servicios se dan cuando
hay personal formado que los ofrezca. No
se conocen casos en los que se puedan ofrecer
servicios sin un personal preparado.
Por otro lado, creo que los bibliotecarios públicos tenemos que reflexionar sobre
a quienes estamos dirigiendo prioritariamente
nuestros servicios. Contabilizamos el número
de visitas a la biblioteca, el número de
préstamos, etc., pero nos falta preguntarnos
quienes están haciendo uso de esos servicios
y quienes no. Los datos recogidos en "Opiniones
y actitudes de los usuarios de las Bibliotecas
Públicas del Estado" (2009) nos
muestran un público joven, con estudios
medios finalizados o universitarios y que
frecuenta semanalmente la biblioteca. Nada
que ver con la radiografía de la sociedad
española.
En resumen, nuestro valor profesional será reconocido en función de la calidad
de los servicios que podamos ofrecer. Dicho
esto, es cierto que los bibliotecarios deberíamos
hacer un esfuerzo mayor por dar a conocer
fuera lo que los ciudadanos pueden encontrar
en la biblioteca. Sea publicando artículos
en medios no bibliotecarios, sea trabajando
en plataformas sociales...
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5.- Sus trabajos están muy centrados
en el carácter social de nuestro
trabajo ¿considera que los nuevos
profesionales también lo interpretan
así o están reinterpretando
este papel?
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A
mí lo que del término "biblioteca pública"
más me interesa es lo de pública. De ahí
mi interés por el carácter social del trabajo
bibliotecario. Comparto las preocupaciones
de muchos compañeros, sobre todo bibliotecarios
municipales, en ese sentido.
Soy consciente de que muchos otros compañeros tienen otras querencias, más cercanas
a los desarrollos tecnológicos y sus aplicaciones
informativas. Siempre ha sido así. En la
profesión bibliotecaria ha habido los que
se han interesado en la promoción de la
lectura entre sectores a los que históricamente
no estaba destinado el libro, en el trabajo
con los públicos, en el carácter de educación
popular que tiene la biblioteca pública
(así nacieron y se desarrollaron las bibliotecas
escandinavas), y ha habido los que han estado
más cómodos trabajando con las herramientas
documentales, trabajos de catalogación,
clasificación, elaboración de bibliografías...
a poder ser sin contacto con los públicos
o, en todo caso, con un público de especialistas,
erudito. Ahora observo lo mismo. Ya no es
la CDU, ya no son
las cartulinas de fichas bibliográficas...
pero el espíritu permanece. Además todos
sabemos que lo tecnológico produce un halo
de brillantez, de poderío, de estar a la
última. Muchos millones se invierten para
crear esa imagen. Pero también hay compañeros
que buscan nuevos sentidos a las herramientas
tecnológicas y aportan mucho al desarrollo
de la biblioteca pública.
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6.-
Actualmente nos encontramos ante una globalización
tecnológica, informativa y social
¿cree que es una oportunidad para
nuestra profesión? o por el contrario
¿estamos fundiéndonos en este
universo de nuevos profesionales?
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En el contexto actual de diferentes crisis,
de instituciones centenarias y milenarias
(ahí está la iglesia católica) que se tambalean,
a lo único que como individuos y sociedad
podemos aferrarnos es a vernos como seres,
como comunidades, que vamos a tener que
estar en un continuo aprendizaje. La escuela
y la universidad, tal como las conocemos,
no nos van a servir para eso. Además sólo
son para un período corto de la vida.
La propuesta que defiendo es que la biblioteca pública se posicione más como "institución
educadora en la comunidad" que como
"centro de información". España es un país
con grandes carencias educativas. Datos
de hace cinco años en Cataluña nos dicen
que cuatro de cada diez personas adultas
no tienen ningún título del sistema educativo
y tres más cuentan con EGB,
ESO o FP
de primer grado.
Hay un handicap muy grande. En España hemos sido moldeados para que educación
sea sinónimo de escolarización. Si no hay
título o diploma no hay aprendizaje. Me
da que nos manejamos con concepciones obsoletas
de lo que es el hecho educativo.
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7.-
¿En estos momentos está escribiendo
de nuevo? ¿Sobre qué tema?
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Sí, siempre estoy escribiendo. Ahora estoy
terminando unos trabajos para el número
especial que Educación y Biblioteca publicará
en julio-agosto sobre bibliotecas y crisis
económica. Como Latinoamérica tiene tanta
experiencia en crisis (golpes de Estado,
tsunamis, volcanes, terremotos, devaluaciones,
los intereses de la deuda externa...) he
estado localizando las acciones llevadas
a cabo por algunas bibliotecas.
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