|
|
 |
|
|
| |
III Premio Nacional SEDIC a la Calidad
y la Innovación
|
| |
|
| |
Acto de entrega del
III PREMIO NACIONAL SEDIC A LA
CALIDAD E INNOVACIÓN
a la BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL
"MENÉNDEZ PELAYO"
de
CASTROPOL (ASTURIAS)
Biblioteca Nacional de España
21 de noviembre de 2008
|
| |
Crónica de un milagro
El pasado 21 de noviembre, en la Biblioteca Nacional, el escritor
Luis Landero entregó a la Biblioteca "Menéndez y Pelayo"
de Castropol el III Premio SEDIC a la calidad
y la innovación. También se entregaron siete menciones especiales.
Fue un día feliz.
Otorgar un premio es reconocer públicamente una acción o una actitud
que excede la mediocridad. Y esta vez, SEDIC
quería arrojar luz sobre la labor extraordinaria, pero escasamente
reconocida, que cada día hacen las bibliotecas rurales. Son bibliotecas
de escasos recursos, aisladas, remotas, fuera de los circuitos de
los grandes proyectos, con poca presencia en foros y convenciones.
Son un milagro. Un milagro que es posible gracias a los profesionales
que las atienden, con grandeza, con entusiasmo, en permanente querella
contra el olvido y los tópicos más rancios. Que han recorrido el camino
más largo entre lo antiguo y lo moderno. Bibliotecarios cuyos lectores
nunca son un frío número en una estadística, sino una cara, un nombre
(o un apodo), una casa, una familia, un problema, un carácter. Seres
humanos.
Y aquella mañana estaban allí. Todos. Los bibliotecarios y sus lectores.
¡Qué pequeños parecíamos a su lado!. Vinieron de los pueblos: Castropol
(Asturias), Alatoz (Albacete), Chapinería (Madrid),
Elciego (Álava), Manzanera (Teruel), Monegrillo
(Zaragoza), Pola de Allande (Asturias), Sartaguda (Navarra)…
Madrugaron, recorrieron cientos de kilómetros y estuvieron en la Biblioteca
Nacional para permitirnos compartir con ellos toda su frescura, su
entusiasmo, su alegría contagiosa. Fue una fiesta.
Era imposible ignorar la carga emotiva. La profesión entera rendía
homenaje a los mejores bibliotecarios, a las mejores personas. Todos
sentimos, con un nudo en la garganta, que aquel era un momento especial.
Y es que viéndolos allí, tan contentos, tan sinceros, tan generosos,
tan buenos profesionales, supimos, como bien dijo Landero,
que España es un país que merece la pena.
|
| |
|
|
|